Democracia sin partidos
El 23 de julio pasado se publicó el Sobreaviso: ‘Democracia, ¿sin partidos?’. La diferencia entre aquella y esta columna radica, obviamente, en que el título ya se puede sostener como afirmación, sin duda ni signos de interrogación.
Durante los meses transcurridos se agravó la descomposición del régimen de partidos. En tal virtud, las coaliciones en y fuera del poder se reanimaron, pero no como suma de fuerzas, sino de debilidades. No reflejan una acción de vanguardia sino de retaguardia, porque los partidos están hechos añicos y cada uno tiene dueño, cuando no gerente o capitán de empresa.